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Blog Pepe Martínez Carmona

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Aunque hay personas entrañables y entendidas que consideran que no han de mezclarse en una misma obra prosa y poesía, a mí se me plantea un problema: Los poemas, aunque de manera irregular y con mejor o peor fortuna, han jalonado mi vida. Son algo así como las masturbaciones del espíritu, liberadoras de las tensiones síquicas. Luego es difícil renunciar a esos testigos poéticos en unas memorias, puesto que la vida cobró sentido con ellos. He de reconocer que la ópera, esa tragedia en que se funden música y bel canto sin dar lugar a prosaicas intromisiones, siempre me cautivó. Al contrario, los intervalos hablados de la zarzuela no llegaron a convencerme. Por lo tanto, y aunque en principio consideré que, en lo que concierne a las Memorias de un desconocido, el cambio de intensidad y de ritmo empleados para reflejar un mismo acontecimiento no redundaría en menoscabo del contenido, no me convenció la experiencia, por lo que prosa y poesía navegarán hacia el mismo puerto, pero cada cual por su ruta. La referencia (1) que cierra la introducción a este escrito, remite a la parte poética, la cual discurrirá, cual texto arábigo, desde la cola hacia el centro del libro. Así, prosa y poesía, inseparables en mi memoria, lo serán también en el reflejo escrito de la misma.

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